Parte 1. Acorralado -El Rechinar de dos Espadas en mi Alma.

 





Parte 1

Una mala decisión a punto de ser tomada. Nadie tiene por qué saberlo. La batalla está a punto de comenzar. ¿Será posible salir victorioso?

 

Por Jean Carlos Ramos

 

 

Era alrededor de la una de la madrugada. Me encontraba solo en mi habitación. De repente, comencé a sentir una rara sensación; un suave murmullo comenzó a penetrar de a poco en mi mente, diciéndome: “Nadie te está viendo”.

 

Tuve una sensación de incertidumbre, que creo se parece a la que siente una presa en el momento previo a ser embestida por su depredador. Una víctima minuciosamente asechada hasta que el cazador encuentra el momento perfecto para arremeter.

 

Acorralado

 

Esos momentos de inacción son la oportunidad perfecta para convertirte en el manjar de tu adversario. Una mente desierta, seca, sin cultivo, despoblada y sin murallas es un lugar cómodo para la perversidad. El murmullo, lentamente, comenzó a fluir en mí como corrientes de aguas por las grietas de mi mente, hasta inundar mis pensamientos.

 

Tomé mi celular y envié un mensaje, diciendo: “¿Estás trabajando?”. Segundos después llegó la respuesta: “¡Sí!”. Ya estaba acorralado. En esa madrugada creo haber tenido la sensación de un hombre que está a punto de lanzarse de un enorme edificio.

 

Mi corazón comenzó a acelerarse. Cada segundo aumentaba más los latidos. Cada minuto sentía que era una eternidad. La desorientación comenzó a gobernarme; sentía no tener voluntad propia. Detrás de mí se encontraba un callejón sin salida. Al frente, estaba el que me asechaba, a punto de dar el golpe final.


Una enorme fuerza en mi interior me llevaba a responder ese mensaje. Pero podía sentir otra, a lo lejos, que se acercaba y me decía: “No lo hagas”. Comenzaba una gran batalla en mi interior. Dos ejércitos bien armados se preparaban para pelear. Con sus caballos, armaduras, espadas y lanzas, uno frente a otro: uno en la colina de mi alma, y el otro en el monte de mi espíritu. En el medio, el valle de mi cuerpo.

 

Estamos tan sumergidos en lo visible que se nos olvida lo invisible. Quizás para muchos sea algo totalmente desconocido. Pero para otros no es un secreto que hay un mundo paralelo a este, y es el mundo espiritual. Un mundo absolutamente real, y más antiguo que este. Es un gran error desconocerlo, pero uno muchísimo más grande conocerlo e ignorarlo. No debemos pasar por alto que somos seres espirituales, y que también podemos morir en ese plano.

 

Justo en ese momento, me sentí como un edificio viejo rodeado de enormes máquinas demoledoras. Ya podía verme caer. En esa madrugada, estaba a punto de acostarme con una prostituta. Estaba a centímetros de tocar mi teléfono y concretar la cita.


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