Parte 4. Encarcelado- El Rechinar De dos Espadas en mi Alma

 



       

Encarcelado

 

Mientras tanto, fui atrapado por la oscuridad. Me encarceló. Sin darme cuenta, ya estaba detrás de los fríos barrotes de la soledad. La oscuridad comenzó no tan espesa; algo hueca, pero fluida. Hoy entiendo que su propósito no era intimidarme, sino que trabajaba con la finalidad de que se volviera un lugar familiar, una costumbre, haciéndome creer que había libertad en la oscuridad. Sabrás cuando alguien esté en este lugar, porque dirá cosas como:

 

Quiero conocer nuevas cosas”.

Solo le estoy viendo el lado positivo”.

Estoy cansado de lo mismo”.

Necesito libertad”.

Quiero vivir mi vida, enfocarme en mi futuro”.

Quiero dedicarme a mí”.

Decidí vivir solo por mí”.

Voy a disfrutar de esto mientras dure”.

Quiero vivir mis propias experiencias”.

Todos están locos”, y cientos de excusas más, similares a estas.

 

Las puertas de mi mente y las murallas de mis principios fueron derribadas. Entraron en la ciudad de mi alma, la cual fue saqueada y luego hecha cautiva.

Inició la gran batalla. La escasa oscuridad de a poco comenzó a ser más espesa. De pronto, ya me encontraba arropado por densas tinieblas, tan pesadas que no podía ver ni mis manos.

 

Comencé a sentir miedo. Miraba hacia los lados y no podía ver nada. De pronto, una fría brisa comenzó a subir por mis piernas. El miedo me paralizó. Intenté correr, pero no podía. Mi corazón comenzó a latir tan fuerte que sentía que iba a salir de mi pecho. Mi respiración comenzó a ser más pesada. Sentía que estaba siendo sepultado vivo.

 

Comencé a oír pasos muy lentos que hollaban el agua, y con ellos el sonido de una gota caer, el cual comenzó a ser más cercano. Trataba de moverme para escapar, pero era imposible. No podía mover ni un solo dedo. Era como si una tonelada de tierra estuviera sobre mí.

 

Luego, oí el rugido de una fiera. Enfoqué mi mirada hacia el lugar de donde venía el sonido y logré ver los ojos de un salvaje animal que se acercaba. Sentí mucho más temor. Esa mirada estaba puesta fijamente en mí. Sentí que era tan penetrante que podría quebrar mis huesos sin tocarlos.

 

Intenté gritar con todas mis fuerzas, pero las palabras no salían. Lo intenté una y otra vez, pero no sucedía nada. Era como si mi voz hubiese sido tragada por un abismo. Sentí mucha desesperación, hasta que de pronto comencé a sentir un temblor que iba en aumento.

Comentarios