Parte final. Libertad. El Rechinar de dos Espadas en mi Alma
Libertad
Posteriormente, un enorme silencio se
apoderó del lugar durante largos minutos. Seguía ahí, sin moverme, en la densa
oscuridad. De pronto, comencé a ver un pequeño brillo irrumpir en las sólidas
tinieblas; la luz comenzaba a abrir una brecha en la oscuridad.
“Entonces vi el cielo abierto, y había allí
un caballo blanco. Su jinete se llamaba Fiel y Verdadero, porque juzga con
rectitud y hace una guerra justa. Sus ojos eran como llamas de fuego, y llevaba
muchas coronas en la cabeza. Tenía escrito un nombre que nadie entendía excepto
él mismo. Llevaba puesta una túnica bañada de sangre, y su título era ‘la
Palabra de Dios’.
Los ejércitos del cielo vestidos del lino
blanco y puro de la más alta calidad lo seguían en caballos blancos. (…) En la
túnica, a la altura del muslo, estaba escrito el título: ‘Rey de todos los
reyes y Señor de todos los señores’.” (Apocalipsis 9:11-14,16, NTV).
Luego, se bajó de su caballo, tomó unos
objetos y se acercó hasta mí. Extendió su mano y me sacó del lugar que me
mantenía inmóvil; me abrazó y me besó. Volvió a extender sus manos sobre mí y
quitó el cartel que colgaba de mi cuello.
También tomó entre esos objetos una vasija
con agua y me limpió. Volvió a buscar entre sus cosas y me dio un vestido nuevo.
Siguió sacando, y me dio un collar y un anillo. En el collar estaba grabada la
palabra “propósito”; y en el anillo,
la palabra “hijo”.
Sacó un último objeto y lo puso en las
palmas de mis manos. Era una llave dorada, que también estaba grabada. Decía “alma”. Me abrazó una vez más, y me dijo:
“Siempre
llego a tiempo”. De inmediato volví en mí, me percaté que ya eran las
tres de la mañana, y estaba acostado con el teléfono en la mano, finalizando
una llamada con mi mejor amigo.

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